viernes, junio 9

Demasiado Amor

Sara Sefchovich





En la novela Demasiado amor Beatriz en una muchacha que empieza una vida de frenesí sexual a los 26 años admirando a los señores que acuden al Vips, dividiéndose en dos porque ha conocido el amor, y durante los fines de semana viaja por el paraíso o por los infiernos de México -palpa, saborea, huele, araña, escucha, murmura y gime- y el resto de la semana tiene que trabajar con ahínco para cumplir con un deber.
Beatriz le envía dinero a su hermana, quien por acuerdo mutuo ha ido a Italia a poner una casa de huéspedes donde las dos han planeado vivir juntas, disfrutar el mar y los paseos.
Al leer la novela de Saran Sefchovich me llamó la atención el cuidado con que la autora arroja los datos de una investigación atropológica sobre nuestro país, vasto en costumbres, orografía y cultura. La lectura es un paneo de cámara por playas, ríos, lagunas, cenotes, ciudades y pueblos; un acercamiento a las brujas y brujos, hueseros, indios de todas las culturas que sobrevivien; una degustación de platillos y brebajes; un parafraseo de versos y canciones; una mirada a las cúpulas de las iglesias, a las cresterías de los templos indígenas; un andar por caminos, veredas polvorientas, interminables, salvajes, bucólicas; un descansar sobre los pechos, las piernas, bajo las frondas, entre los pliegues de la piel del amante.
Leer esta novela implica el riesgo de marearse un poco con tanto dato antropológico. Sin embargo, la historia sale al rescate con las anédoctas en la vida de Beatriz, como prostituta y amante, como una hermana solidaria y confidente que, al último, decide despedirse en vez e ir a reunirse con la sorella, como había acordado.
En las páginas de Demasiado amor destilan las congojas, los arrepentimientos, los desenfrenos, el hastío, el sexo, el poder de seducción, la necesidad de compañía, la abrumadora soledad y la vorágine de una vida regida por los sentidos.
Después de leer estas páginas una ya no podrá sentarse a tomar café tranquilamente en una de las mesas del Vips sin mirar con atrevimiento a los hombres, no se podrá ver Italia más que para poner una casa de huéspedes, ni tener un amante que tenga entre sus aficiones ir a conocer México.
Beatriz nos presenta a sus hombres, "a un viudo que le daba por llorar, a uno que exigía que le pusiera el condón y gozaba más en esa ceremonia que en lo demás, al que se emborracha con vino hecho por su mamá, a uno que sabe el secreto de hacer hijas mujeres..." De ellos describe sus gustos y manías sin sin caer en los detalles del coito, Eso tú te lo puedes imaginar, nos dice.
Cuando la protagonista revela que no es ninguna beldad de modelo, que no es rubia, ni flaca ni tiene las piernas largas; que más bien es bajita, morena, panzoncita, nalgona, piernuda y tiene unos senos de salchicha que le caen hasta el estómago, una se imagina a la típica mamacita, la mujer deseada por los choferes de trailers en las soledades de sus caminos, la musa de los carniceros, la novia fiel de los jóvenes pandilleros con quién podrán arrepentirse, la chava de aquellos que se rascan la cabeza en el metro de la ciudad mientras piensan que la película estuvo muy chida, la noviecita santa de quienes checan los avisos económicos todos los días en busca de chamba, la mujer de todos quienes ven en lo moreno, lo chiquito y carnoso el objeto de sus fantasías sexuales.
Demasiado amor es una delicia de leer para cachondos, amorosos, atrevidos, aventureros, curiosos, fogosos jóvenes anhelantes y viejos que añoran. Asimismo es un reto para científicos, una cachetada para curas, un acertijo para filósofos y un pan con sabor dulzón para quienes amamos el buen leer.
La autora, Sara Sefchovich, según la de forros, es mexicana, socióloga, investigadora, historiadora, periodista. Es madre y esposa. Le gusta la lectura y el caminar.
Sefchovich ha escrito varios ensayos, Ideología y Ficción en Luis Spota, Mujeres en espejo: narradoras latinoamericanas del siglo XX, México: país de ideas, país de novelas y La suerte de la consorte.
Aparte de Demasiado amor, la autora ha publicado La señora de los sueños y Vivir la vida-0-.

jueves, mayo 18

Un amor libertario



Leona y Andrés

Lo primero que se le viene a una a la cabeza ante el nombre de Leona Vicario es un hongo gris en el cielo, formado por los fuegos que consumen la selva de este litoral cada año. Es aquí, en Leona Vicario, un poblado de ejidatarios mayas, donde se originan las catástrofes incendiarias, una concatenación ígnea que destruye todo lo que alcanza y congestiona el aire haciéndolo opaco y nebuloso.
Si dijéramos que Leona Vicario está en el corazón de Quintana Roo estaríamos en lo cierto. Para hacer comprensible esta idea baste con saber que este estado hace honor a Andrés Quintana Roo, un poeta que se enamoró de una joven cuando estudiaba leyes y que este amor prohibido (como sucede en los romances clásicos) lo condujo a desear con un ímpetu desenfrenado a la mujer a la que estaría unido aun en la cripta: Andrés amó a Leona, se casaron, tuvieron familia. Ella murió y fue enterrada en la Rotonda de los Hombres Ilustres en la Ciudad de México. Nueve años después, cuando él falleció, fue sepultado al lado de Leona.
Poco se sabe de Andrés Quintana Roo, mucho menos de Leona Vicario Fernández de San Salvador. Por eso, esta vez quisiera rescatar del pasado a un amor alentado por las viscisitudes históricas y por el idealismo a ultranza que condujo a México rumbo a su devenir histórico.
En una época en que los abusos contra los indios era el pan y la tortilla de cada día, a estos dos se les hacía tarde para buscar una manera de cambiar las cosas.
Deshacerse del poder monárquico, de los atropellos endorsados por el linaje y los privilegios se convirtió en consigna. Los ojos de Andrés brillaban cuando hablaba de la independencia, del mundo perfecto para los mexicanos, y Leona asentía frotándole las manos, sentados los dos en una banca del parque universitario, la más lejana y perdida bajo las frondas de los ahuehuetes, pues Leona no quería ser avistada con Andrés, que no se enteraran en su casa, que no lo supiera su tío, el hombre que se encargaba de administrar una fortuna que al quedar huérfana le estaba destinada.
Cuando regresa a la casa del tío, Leona todavía trae un olor fuerte impregnado en el cuello, y eso la aterroriza, pues cree que todo mundo ya se ha dado cuenta. No solamente está enamorada, también tiene ideas que ahora comparte con el hombre que la ha dejado sin aliento. Trae en su vientre el tacto de un fuego reciente que le quema como un hierro, y en la cabeza solamente una idea: hacer que México sea independiente, Leona, ah, mujer de barro y lumbre, de rugido y estepa, Andrés, mi querido Andrés, vuelo contigo, bajo las alas de esa libertad que te acompaña en el pensamiento y en el espíritu, tú y yo somos el arado y el buey, el protón y el neutrón, la mano y el beso, todo.
Imposible que te cases con él, le dice el tío, quien ve en Andrés un aliado del diablo, un cazafortunas, un depredador de apellidos, una amenaza para la ilustrísima corona que ha favorecido las arcas de la familia por todos estos años, si no fuera por el virrey y la noble España, madre de todas las buenas costumbres, davidosa y virtuosa como una virgen, No hija, ese hombre no es para ti, y sabes muy bien que tu padre diría lo mismo si estuviera presente, un poeta jamás será un buen marido, especialmente cuando se ha confabulado con los revoltosos de la insurrección, dónde iremos a parar, dios mío, con esta gente.
Leona sufre la separación, pues Andrés se enlista en el ejército rebelde y se va a luchar contra las huestes realistas.
La desdicha de Leona solamente se vería compensada con la venganza. Al tener libre acceso a su fortuna, destina fuertes sumas a la causa de los insurrectos. Asimismo envía mensajes y toda clase de ayuda. No le importa gastarse toda su herencia con tal de apoyar al amante que está en la línea de fuego. Ella también quiere estar en el mismo sitio y compartir con él las andanzas y sus calamidades, Sí, Andrés, todo por México, por ti y por mí.
Detesta al tío y la casa donde ha vivido aburrida como una princesa solitaria. El tío se entera de las actividades ilícitas de su sobrina y para castigarla la manda a encerrar en un convento, Eso la hará recuperar la cordura, pero qué se ha creído esta tonta, por dios santo.
Ella vive en calidad de presa en la penumbra de una celda, Ay dios mío, dónde estará Andrés, hasta que es rescatada por dos oficiales del ejército rebelde, quienes la disfrazan y la hacen que monte un burro con unos cueros llenos de pulque, Andele y no veltee pa’ atrás, píquele, doña. Así cruza la ciudad y escapa, Aquí voy Andrés, por fin estaremos juntos, hasta siempre cariño, hasta los días de un México libre, un indio sin yugo, un corazón sin grillete, hasta que el pájaro no tenga alas, ni el mar agua que bañe sus litorales. Siempre estaré contigo.

Cuando viajo rumbo a Cancún y paso por el poblado de Leona Vicario, con una mirada relámpago examino el cielo, esperando ver la nube de humo de los fuegos que incendian la tierra de Quintana Roo, año tras año

Oda a la Independencia
Por Andrés Quintana Roo.

“Renueva, oh musa, el victorioso aliento,
con que fiel de la patria al amor santo,
al fin glorioso de su acervo llanto
audaz predije en inspirado acento:
cuando más orgulloso
y con mentidos triunfos más ufanos
el ibero sañoso
tanto ¡ay! En la opresión cargó la mano,
que el Anáhuac vencido
contó por siempre a su coyunda uncido”.

Andrés Quintana Roo nació en Mérida, en 1787, e hizo la carrera de abogado en la Universidad Pontificia de México.
A su pluma se debe el manifiesto de Declaración de Independencia que lanzó a la nación al Congreso de Chilpancingo. Sirvió a la causa de Independenca con tesón y valentía, publicando periódicos y proclamas en las filas revolucionarias.
Al advenimiento de la República, Quintana Roo prestó valiosos servicios a México y murió el 15 de abril de 1851.
Leona Vicario Fernández de San Salvador, nació el 10 de abril de 1789 en la capital. Combatiente insurgente e informante, invitó a los mejores armeros vizcaínos a que se sumaran a la causa independentista, motivo suficiente para que la aprendieran y encerraran en el convento de Belém de las Mochas las fuerzas reales.
Fue la única hija de un español y una mexicana. Destinó toda su fortuna a una causa que ella consideró justa, y defendió sus ideales aún después de 1820, cuando la independencia estaba consumada.
El 24 de enero de 1842, a los 54 años de edad, en la casa de Santo Domingo, falleció a las nueve de la noche. El 28 de mayo de 1900 sus restos fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres y, en 1925, al monumento del Ángel de la Independencia; donde reposa al lado de los demás caudillos de la guerra de independencia.
El nombre de Leona Vicario se encuentra escrito con letras de oro en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. También hay una placa en la esquina de las calles de los Sepulcros de Santo Domingo (hoy República de Chile, esquina con Colombia), en el centro histórico de la Ciudad de México, cuya leyenda reza: “a los contemporáneos de la muerte de tan admirable y admirada [sic] mujer mexicana, la que sin titubeos, oportuna, sacrificó su fortuna para que fuera cierta la libertad de México”–0-.




martes, mayo 16

En el Día de la Madre


Han pasado los días, no sé cuántos y de regreso a esta página siento que han fueron muchos, que dentro de ese lapso, y así fue, pasó el día de las madres, sin mucho resonar para muchas mujeres que se quedaron esperando la llamada de un hijo al que se le olvidó por completo entre tanta jerga privada, ir y venir, entrar en una oficina y salir de la otra, marcar ese número que se sabe de memoria porque ha sido el mismo desde que tenía doce años, cuando llamaba, desde su habitación, a las amigas con las que soñaba y a los demás cuates con los que quería jugar futbol después de terminar las clases. El número no ha cambiado. La casa tampoco. Quizás ésta ha tenido unas manos de pintura en una temporada de remozamiento en la que gozó de un nuevo respiro ante la decrepitud de tiempo. Pero para la madre los años traen los cambios que hacen estragos como vientos huracanados, y cada año que pasa redobla éste su fuerza dejando secuelas difíciles de resarcir. Ella camina alrededor de la sala, frente al teléfono intacto y solitario que se mantiene en silencio.
El hijo no llamó, pero ella se refugió en la cocina y preparó su platillo favorito con hierbas de perejil y curry, un polvo rojo que se parece al chile pero cuyo aroma traspasa las fronteras del esternón y del alma. Entonces ella pensó que el día tenía cosas que ofrecerle aparte de un hijo ingrato que se olvida de tener madre, aun en un día en que todo mundo se apura por llevar un pastel, organizar una comida, escribir unas líneas de felicitación en una tarjeta de diez pesos o pasar por allí y dar un abrazo. Ella camina por la casa, se acerca a la ventana y ve el jardín con las flores que se asoman de la azotea hacia la calle respirando las gotas de las primeras lluvias. Ahora las flores y el curry le dan un sentido dierente a ese momento que podría ser dramático considerando la situación oscura en la que la soledad, considerada como abandono, suele poner a las personas. Ella abre un poco más ventana y siente la frescura de un aire límpido y escucha el trinar de los pájaros que saltan de rama en rama dejando al árbol vibrando como un diapasón, y se da cuenta que el día que todos celebran, este día que se asoma por la ventana, es también el día en que ella cantará como los pájaros que sin ningún motivo cantan, se abrirá como la flor ante la lluvia refrescante y se dejará penetrar por el viento que trae la brisa del mar.

domingo, abril 23

El Peje en Playa


Playa del Carmen, Q. Roo, 23 de abril.- A 70 días para que comience una de las contiendas electorales más significativas de los últimos tiempos en la historia de México, considerando que la izquierda en Latinoamérica está ganando terreno, Andrés López Obrador impresionó una vez más a las masas con un discurso sencillo, elocuente y claro, con el que pidió el voto el 2 de julio para ocupar la presidencia de la nación.
En una tarde calurosa, apenas refrescada por un soplo de brisa marina, el candidato tabasqueño llegó al parque Lázaro Cárdenas de la Luis Donaldo Colosio, una de las colonias proletarias más pobladas del país y dio un discurso de no más de una hora sobre los cambios estructurales para “rescatar al país” de lo que él calificó “época porfirista”, refiriéndose a la riqueza de México concentrada en unas cuantas manos.
En una tarde de verbena popular, cuando ondearon en el aire los banderines, las pancartas y se oyeron los altavoces y las cumbias, la plaza del parque se fue llenando. Al mitín acudieron grupos simpatizantes de Tulum y del fraccionamiento Galaxia, además de las redes ciudadanas y militantes de Convergencia y del Partido del Trabajo –PT-.
En esta manifestación política, no tan multitudinaria como las del PRI, pero sí matizada con convicción, la voz del candidato se dejó oir aguda y enronquecida: “No queremos pedir dinero porque el que da dinero pide algo a cambio y yo quiero llegar libre a la presidencia para transformar México”, dijo.
El egresado de la UNAM como licenciado en Ciencias Políticas reiteró el compromiso de sacar a las masas de la miseria. Cada año 50 mil mexicanos jóvenes migran a la frontera, o se van a polos turísticos. En ciudades como ésta, dijo, donde hay turismo se puede notar el progreso. En el resto del país solamente “hay ruina”.
Mencionó que impulsará la industria turística imponiendo criterios de protección ecológica y la eliminación de los contrates sociales. “No queremos hoteles de todo lujo al lado de la pobreza y la marginación”.
Un punto primordial dentro de su proyecto de nación lo constituye la herrumbrosa industria petrolera que los gobiernos priístas han intentado llevar a la ruina para tener un pretexto y privatizarla. “Desde hace 24 años no se construye una refinería en el país”, y los mexicanos exportan petróleo a los EU y luego tienen que importar más del 40 por ciento de gasolina que se consume en el país a precios exorbitantes.
López Obrador, quien asumiera la jefatura del gobierno del Distrito Federal en el 2000, se presentó ahora con el cabello cano y la piel masacrada por el sol, frente a los simpatizantes playenses prometiéndoles volver, “voy a regresar como Presidente de la República a Playa del Carmen”.
Dentro de una política de confrotación con la tecnocracia priísta, el abanderado de la Alianza por el Cambio dijo que eliminará las pensiones de los ex presidentes y utilizará el dinero para ayudar a los viejos. “Puro gobierno mediocre y ladrón ha tenido este pobre estado. Salinas de Gortari recibe 160 mil pesos mensuales. Se terminarán las pensiones para Echeverría, De la Madrid, Zedillo y todo ese dinero se irá a financiar programas sociales para adultos mayores”, afirmó.
Enfatizó la importancia de erradicar la corrupción de una manera gradual para sanar las finanzas del Estado y lograr un mayor ahorro en el erario público; bajar los precios de la luz, el gas y la gasolina; y respetar tres preceptos: “No robar, no mentir y no traicionar”.
Desmintió a sus oponentes, quienes aseguran un nexo entre él y Hugo Chávez, presidente de Venezuela. En su discurso el candidato por los pobres se refirió a Madero, Villa, Carranza y Juárez como sus modelos políticos.
El politólogo López Obrador garantizó que no le fallará al pueblo, “ no me va a marear el poder, no voy a cambiar mi forma de pensar ni de ser porque tengo principios e ideales, pero más que todo, tengo amor y el amor con amor se paga”, expresó.
Andrés Manuel López Obrador es autor de tratados políticos, como Los primeros Pasos (Tabasco 1810-1867); en 1986 Del esplendor a la sombra (La República Restaurada: 1867-1876); en 1988, Tabasco,Víctima del Fraude Electoral; en 1995 publicó Entre la historia y la esperanza; y en 1999, Fobaproa: expediente abierto.
En su libro Un proyecto alternativo de nación el candidato a la presidencia de la República define un plan para reestructurar al país atendiendo las finanzas, la educación la cultura, el medio ambiente, la industria petrolera, las relaciones internacionales, la honestidad y el federalismo.
En este libro, el politólogo usa la investigación científica para exponer sus puntos de vista y sus propuestas de lo que el considera una cara nueva para México-0-.

viernes, abril 21

La vida insòlita de John Reed



Viernes 21 de abril, 2006.-
Avelina

John Reed, un periodista de vida insólita.
(1887-1920)

Hay un libro que me ha dejado con la boca abierta. Se trata de México Insurgente, un compendio de crónicas sobre la Revolución Mexicana, escritas por el periodista norteamericano John Reed.
Estas crónicas no solamente son un retrato de las luchas sangrientas de las tropas del norte bajo el comando de Pancho Villa; también son una visión clara de la cultura del pueblo mexicano. Entiéndase por cultura la indiosincracia, las costumbres y la religión de un pueblo.
Al margen de este valioso trabajo que le costó a Reed seis meses de andanzas, incomodidades y escollos que lo mantuvieron en vilo en terrenos agrestes y montañosos, está su vida: la de un periodista que dignosticó las enfermedades del mundo. ¿Quién dijo que se necesita ser objetivo dentro del periodismo? A Reed la objetividad le importó un bledo. Se mantuvo leal a sus convicciones políticas, mismas que implicaban la defensa irrestricta de los pobres. En 1917, cuando la revolución rusa estaba en su cúspide, él y Louise Bryant (su novia) oyeron las arengas, participaron en los mítines, desfilaron en manifestaciones en las calles rusas y recogieron datos para escribir Los Diez Días que Conmovieron al Mundo, “la obra que más ha contribuido, hasta la fecha, a divulgar la revolución de octubre”.
El contexto histórico que circundó la vida de Reed revela los mitos que han arropado las ideologías de los países grandes para mantenerse en el poder. Es decir, ni Estados Unidos ha sido la “cuna de la democracia”, ni el socialismo ha garantizado el poder de las masas. Los acontecimientos mundiales en ese periódo demuestran que los conceptos bajo las palabras “libertad” y “democracia” han sido un mero espejismo, y que tanto la clase trabajadora rusa como la estadunidense –aún hoy- ha sido engañada.
Empezaremos por contar que un poco antes de que Reed naciera, el gobierno norteamericano hizo una “cacería de brujas” y torturó y ejecutó a sindicalistas y radicales que simpatizaron con el socialismo.
“El viernes 11 de noviembre de 1877, conocido como Viernes Triste, fueron ejecutados en Chicago, después de un juicio amañado descaradamente, cuatro anarquistas alemanes inculpados de complicidad, nunca demostrada”, en un acto violento. El periodista Reed ya había sido arrestado por condenar la intervención americana en Rusia.
“Deportación, tortura y cárcel, cuando no la muerte, era lo que le esperaba a quien osara defender la revolución rusa o se declarase pacifista...”
Cuando Reed supo que Estados Unidos había decidido participar en la guerra, dijo: “este país, por muchos años, será la peor morada para los hombres libres”. Es difícil saber si se cumplió o no este vaticinio. Basta ver lo temerosos que los americanos están de viajar por el mundo.
Por lo que se refiere a Rusia, la historia ha relatado los cambios de su gobierno y las causas que los han originado. Y una se pregunta ¿desde cuándo los socialistas que lucharon en esa gran revolución dejaron de ser buena onda?
Una vez que ganaron, los bolcheviques impusieron a fuego y sangre su poder.
“En marzo de 1918 se realizaron fusilamientos en masa de pacifistas... había malestar y descontento en la población... El 5 de septiembre de 1918 se publicó un decreto en el cual se daba origen a campos de concentración”. Lenin en ese entonces detentaba el poder.
Así, un movimiento que empezó enarbolando el poder de las masas se entronizó manteniendo a estas masas bajo la fuerza de su puño.
John Reed nació en Portland, Oregón el 22 de octubre de 1887 en el seno de una familia pudiente. Fue un buen estudiante en Harvard, emprendió un viaje por Europa, escribió cuento, poesía y teatro, además de los géneros periodísticos. Se enamoró tres veces, la última fue la definitiva: Louise Bryant, quien lo cuidó en sus últimos días de vida cuando víctima de tifo, a los 33 años, murió en la cama de un hospital ruso, el 17 de octubre de 1920.
“Sus restos reposan en las murallas del Kremlin, donde fue enterrado con honores bajo una lápida que contiene la siguiente leyenda: “John Reed, delegado de la Tercera Internacional”.
A John Reed, conocido por sus amigos como “Jack”, los mexicanos le debemos las crónicas que pintan con colorido y gracia la revolución norteña y sus personajes. La fidelidad de México Insurgente, ha permitido a escritores contemporáneos la manufactura de novelas y guiones para radio, cine y televisión, y a los ciudadanos de este país de mil prismas les ha abierto un balcón hacia la explanada de su propia historia -0-.

miércoles, abril 12

Poesía III


Al despedirte

La bruma se dispersa tras una tarde de lluvia
Entreteje la golondrina su vuelo sobre la calle empedrada
Raído está el recuerdo del último gozo
La última mirada, del débil clamor del suspiro inmerecido

La golondrina traza en el cielo un zigzag
Bifurcada la calle abraza sus meaderos
Me apresuro al escuchar el bramido del toro en celo
Al segundo llamado de los bronces atados a las cúpulas
A la primera exhalación vaporífera
Al ver que todo asciende sobre la tierra

Finalmente te encuentro, barro extraño
Mi mano hurga en tu carne
Busca el último pálpito victorioso
Desde una realidad impuesta
Tu cuerpo es una hoja seca, ingrávida
Suspendida en hendiduras
Arrastrada por el viento al azar
Sobre el fracturado páramo

La mano asciende hasta tu cara
Y cierra la cortina de dos piezas
Por último
La compasión entre bruma y viento
Se disuelve
La bondad, ave de lejanas tierras
Explota
En el cielo la clemencia vocifera
De nuevo
La golondrina vuela en zigzag
En su lomo lleva
Una caja diminuta
Desde donde sale
Una ráfaga
De reconocible luz

sábado, abril 8

Sor Juana


Sor Juana.

Caminó por el pasillo sintiendo el aire frío resbalar por sus orejas y la aspereza del piso traspasarle las suelas de las sandalias y pellizcarle las plantas de los pies. En el convento reinaba el silencio. Se podía llegar al cubículo, escoger un libro de los estantes que guardaban el polvo del día anterior y viajar por las páginas como navegante de interminables horizontes. Pero más que todo, se podía prender una tea luminosa, engrandecer la habitación con la luz ígnea, llenar una hoja en blanco con las letras que, una vez liberadas de esa mano de escritora, volaban sobre los lomos de las águilas y se iban a vivir para siempre en las bocas cavernosas de la mente humana. Juana de Asbaje se inmortalizó de esta manera.
La muchacha que impresionó a doctos universitarios, el alto clero y dignatarios civiles del virreinato hace más de 400 años, se asoma en esta página de blog con una maestría métrica y un absoluto equilibrio rítmico:

“Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía,
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;

Y amor que mis intentos ayudaba,
Venció lo que imposible parecía,
Pues entre el llanto que el dolor vertía
El corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste;
No te atormenten más celos tiranos
Ni el vil recelo tu quietud contraste,

Con sombras necias, con indicios vanos,
Pues ya un líquido humor viste y tocaste
Mi corazón deshecho entre tus manos”.

Estos versos de amor, escritos por una monja, no escandalizaron tanto a los hombres del clero de esa época como la despampanante inteligencia con que criticó a ilustres teólogos. Y no solamente su mente lúcida era una mecha de dinamita encendida. En la sociedad puritana en que vivía, la monja de claustro dio mucho de qué hablar con sus letras que evocan, hasta hoy inmortales, un amor misterioso aún pendiente por realizarse:

“Mas ¿cuándo, ¡ay!, gloria mía,
mereceré gozar tu luz serena?
¿Cuándo llegará el día
que pongas dulce fin a tanta pena?
¿Cuándo veré tus ojos, dulce encanto
y de los míos secarás el llanto?
¿Cuándo tu voz sonora
herirá mis oídos delicada,
y el alma que te adora,
de inundación de goces anegada,
a recibirte con amante prisa
saldrá a los ojos desatada en risa?
¿Cuándo tu luz hermosa
revestirá de gloria mis sentidos?
¿Y cuándo yo dichosa
mis suspiros daré por bien perdidos,
teniendo en poco el precio de mi lanto?

A Sor Juan se le llama la “Décima Musa”. El diccionario Larousse define como musa a “cada una de las nueve deidades que habitaban el monte griego, Parnaso y presidían las artes liberales y las ciencias. Las nueve musas eran Clío (historia), Euterpe (música), Talía (comedia), Melpómene (tragedia), Terpsícore (danza), Erato (elegía), Polimnia (poesía lírica), Urania (astronomía) y Calíope (elocuencia)”.
De manera tenaz la Décima Musa transpiró por su piel criolla el candente sol de Amecameca y desarrolló la belleza de su pluma en los ásperos rincones de un claustro religioso. Su vasta obra incluye prosa y teatro, pero se distingue la poesía debido a su calidad humana, exquisitez y espontaneidad. Su producción literaria llama tanto la atención como la singularidad de su vida y la entereza con la que defendió su derecho a pensar y a expresarse.
Eminentes personajes de la literatura han escrito sobre ella y la crítica ha tomado sesgos hacia un posible lesbianismo. Sin embargo, “nada empaña la limpieza de su vida en el mundo, ni se dijo cosa alguna que pusiera en entredicho su nombre y dignidad”.
El 17 de abril de 1695, a los 43 años de edad, la Décima Musa falleció como consecuencia de una peste que estaba asolando la población en México.
Desde el Parnaso de Chalupas y Chinampas Juana de Asbaje todavía nos alumbra con una tea que canta en verso y una prosa que viaja incansable sobre los lomos de las aves señoriales, habitantes de los riscos literarios.

Bibliografía: Historia de la Literatura Mexicana, de Sergio Howland Bustamante, Edit. Trillas -0-.