martes, noviembre 28

El Peje convoca a los mochitenses a comprometerse

*Los interesados firmarán una carta mediante la cual responderán al llamado de su líder.
*Defender el país y su patrimonio, serán los postulados.

Los Mochis, Sin.- El emblema republicano que acompañó a Juárez: un águila devorando una serpiente sobre un nopal es ahora el escudo del nuevo gobierno itinerante que preside Manuel López Obrador.
Cientos de banderas blancas ondearon en un salón atiborrado, a donde asistieron más de 200 simpatizantes. Entre ellos se podía contar a los perredista de hueso duro de roer, los seguidores de una causa nueva: una transformación del país.
También estuvieron los opositores, los curiosos y los sabuesos de la prensa, quienes olfatean la noticia aun cuando están dormidos.
En el Salón París de la Plaza Garibaldi era mucha la expectación. La emoción de pronto se desbordó cuando apareció el nuevo profeta de la democracia, acompañado por un nutrido gremio partidista que formalizó con preámbulos de protesta.
De pronto las banderas dejaron de ondear. Se habían terminado las presentaciones en la mesa del presidium y el suspenso reinó cuando el líder se acercó al micrófono. Entonces hubo una reprimenda del público hacia los fotógrafos quienes atacaron de frente con el flachazo de la foto a quemarropa.
López Obrador comenzó su discurso despotricando contra “la minoría rapaz” que le arrebató el triunfo, luego de asegurar que nunca traicionaría al pueblo de México.
Reconoció que le dio coraje haber perdido las elecciones, pero que está dispuesto a seguir “hasta las últimas consecuencias: “vamos a rescatar a México donde se pueda, como se pueda y hasta que se pueda”, expresó recordando una de las frases de Benito Juárez.
Dijo que la nueva administración panista de Felipe Calderón fracasará en salvar al país de la pobreza: “nada se va a arreglar con el mismo régimen caduco de privilegios. Va a crecer la pobreza y la violencia. Si hay violencia es porque los a los jóvenes se les ha cancelado el futuro”, aseveró.
La concurrencia asintió con gritos de aprobación, por allá hubo uno que no dejó de gritar loas a López Obrador ante el disgusto de la mayoría atenta.
El líder del nuevo gobierno itinerante (llamado así por estar sujeto a un itinerario) afirmó que en vez de aceptar las negociaciones políticas con los adversarios, seguirá el camino hacia la construcción de una nueva República, un acto basado en los derechos del artículo 39 de la Constitución que señala que el pueblo puede cambiar su forma de gobierno si lo desea.
“Necesitamos una renovación tajante si queremos mejorar nuestro destino” dijo.
Asimismo, el líder de los perredistas anunció que su nuevo gabinete está compuesto de 12 secretarios, de los cuales la mitad está conformada por mujeres.
“Si no logramos mejorar las condiciones de vida de los mexicanos, por lo menos vamos a detener el empobrecimiento”, señalo.
De los 12 secretarios cuatro estarán en el área política, cuatro en la económica y otros cuatro para el área social.
El mandatario del gobierno itinerante suavizó la voz cuando entró en la etapa más ríspida de su discurso: aquella en la que ahora él tenía que invitar a sumarse a la causa que lo ha puesto, como a Juárez, por los caminos de México. En lugar de un carruaje, viaja en sus camionetas sin importarle cubrirse de polvo o pasar hambre.
El poder de convocatoria cayó como una cascada de agua fresca que sofocó la indignación de un tumulto. Pidió firmar una carta de compromiso la cual dirá que “hay el deseo de apoyar al gobierno legítimo y defender los postulados”, que son dos:
defender el pueblo y el patrimonio de la nación”.
La carta también señala, dijo, la lucha por la educación pública a fin de que las universidades que dependen del erario federal tengan presupuesto: “miles de jóvenes son rechazados con el pretexto de que no pasaron el examen”, pero en realidad es porque no hay dinero en las universidades, dijo.
Vamos a evitar –abundó- que se lleve a la práctica la cláusula del Tratado de Libre Comercio –TLC- que quiere liberar los precios del maíz y el frijol en 2008.
Que no se permita –dijo- el cobro del IVA por medicinas y alimentos, y que no se privatice la industria eléctrica y la del petróleo.
La carta también estipula la lucha por lograr que las pensiones a adultos mayores sean un derecho universal, y por dar becas a las madres solteras.
Los simpatizantes, al firmar esta carta, estarán comprometidos a “cualquier llamado del presidente legítimo cuando sea necesario defender una de estas causas”, expresó López Obrador.
Los firmantes tejerán una red que servirá para defender el pueblo –dijo- y seremos millones y que nos reuniremos en las calles para “poner las cosas en su lugar”, avizoró.
El líder reconoció que le había dado coraje los sucesos en las elecciones del 2 de julio: “da coraje el fraude, pero tenemos que seguir luchando por la justicia”.
Al terminar su discurso, afuera, la tarde aún pegaba sobre una espalda vertical. La audiencia salió del salón en olas que se precipitaban hacia la calle, mientras el “presidente legítimo” era escoltado hacia su vehículo para continuar con su itinerario en tierra sinaloense. Mientras el salón quedaba vacío la voz de Tania Libertad se escuchó entonando “La Paloma” con una lírica de protesta.
PIE DE FOTO 018: Andrés Manuel López Obrador durante su discurso en el salón París de la Plaza Garibaldi de Los Mochis.
PIE 016: Las banderas con el escudo republicano ondearon durante el encuentro de los mochitenses con el líder perredista.

domingo, noviembre 19

Las Letras del Pacífico






Los Mochis.- La 5a. Feria del Libro atrajo olas de curiosos, lectores, aficionados al arte, padres preocupados por la educación de los hijos y paseantes que no encontraron otra cosa mejor que hacer durante los nueve días que tuvo vigencia.


A la plazuela 27 de Septiembre, donde tuvo lugar, asistieron también cuentacuentos, escritores, promotores de lectura, titiriteros y grupos de música y teatro.


Los encargados de los 21 puestos editoriales que ocuparon los pasillos de la plazuela del 12 al 20 de noviembre, afirmaron que el evento fue satisfactorio, pese al mal estados de las carpas y algunos problemas de instalación.

El Señor Guiñol con sus títires multifacéticos y carismáticos causaron furor en los niños, quienes con caras impávidas siguieron los actos de un escenario hipnótico.

El argentino, ganador del premio literario Juan Rulfo en el 2000, Juan Gelman presentó sus poemarios País que fue será y Pesar Todo.

La narrativa infantil y las festividades escolares formaron parte del elenco más aplaudido.

Además de las editoriales universitarias de Sinaloa, el Instituto Sonorense de la Cultura presentó a los libros de los autores Raúl Antonio Cota, Daniel Serrano, León Plascencia Ñol, Divid Toscana, Jaime Muñoz Vargas, Ignacio Mondaca Romero Patricia Medina, Gilberto Gastélum Orduño, María Luisa Ruiz Arriola y Laura Quintero, entre otros.

Algunos puestos, como el de Editorial Siglo XXI anunció: un libro por 15 pesos y cuatro por 50.

Estuvo, asimismo, un mostrador con los libros de Puntadelectura, una editorial que publica las obras de Rosa Montero, Arturo Pérez Reverte, Homero Aridjis, Alberto Ruy Sánchez, Fernando Benítez, Guillermo Samperio y Fernando Savater. Todo ellos, escritores de fama internacional.

Hicieron presencia Editorial Everest, El Bazar del Libro, Editorial Ocusa, Amigos del Arte, Ludika "Espacio Recreativo", Difocur, Colegio de Sinaloa, ABC de España, Editores Mexicanos Unidos, Librería el Bachiller y la Editorial Planeta.

El Instituto Federal Electoral expuso libros sobre los valores de la democracia, procesos electorales, partidos políticos y participación ciudadana.

La feria estuvo organizada por los gobiernos estatal, municipal, el grupo Aparte -Asociación para el Arte-, con apoyos de Canaculta, la Universidad de Occidente, la Universidad Autónoma de Sinaloa -UAS- y el Colegio de Bachilleres -Cobaes--0-.

viernes, noviembre 10

La iglesia romana Vs Casinos
















El casino Caliente ha sembrado furor en los adictos a la suerte. Los fieles católicos han cambiado el rosario de las tardes por ir a sentarse a desafiar los filos del toma y daca.

















La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en otros tiempos atestada, hoy suspira con sus pasillos vacíos.

Los Mochis, Sin.- Aquellos días en que los devotos acudían a la iglesia se han ido.
Caliente, el único casino de la ciudad, sacudió la fidelidad de los católicos, quienes antes dedicaban sus tardes plácidas para ir a rezar.
El conservadurismo marca con un hierro candente la configuración social de esta ciudad que tiene alma de pueblo.
Persisten los lugares tradicionales para ir a cenar: los taquitos secos, los de doña Pancha, las gorditas del Santuario.
Asimismo, los desayunaderos han persistidos por años con el mismo menú de carrerra larga: menudo, barbacoa, tacos de cabeza y los vaporosos del Chavo.
Las berbenas populares incluyen sus tómbolas de Santa Clos. La educación de los hijos es un estatuto formal, y las actividades familiares de fin de semana constituyen una sacramento social.
Sin embargo, con todo y el abolengo de costumbres y formas, la tela social fundamentada en la túnica romana y apostólica ha sufrido tropiezos.
La pornografía cibernética, tan a flor de monitor, ha representado de igual manera una bofetada a la recatada sociedad mochitense. Las madres, aferradas a las tradiciones, insisten en quedarse en casa y vigilar que sus hijos hagan la tarea y eviten alocarse con lo que ven en la pantalla.

Con todo y todo, existe un leve pero notorio avance de las mujeres, quienes han tenido que quebrar los estatutos y salir de la casa a buscar el sustento familiar. Las circunstancias y las nuevas innovaciones han puesto a hombres y mujeres a cuestionar los beneficios de la ataduras sociales y el conservdurismo.

En unos días en que el casino ha puesto loco a los toreros de la suerte y a los devotos de la iglesia es bueno pensar en cuáles son los aspectos en que el conservadurismo aporta más beneficios que maleficios, y qué tan bueno es que las guillotinas y las noches de ronda de la tradición se rompan en favor de humeantes antros y actividades furtivas de páginas pornográficas-0-.

martes, noviembre 7

PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO CULTURAL FERNANDO BENITEZ 2005




*Prensa escrita reportaje ganador:

PELEAS DE GALLOS: MUERTES QUE CONCEDEN ORGULLO
Por Rafael Gandhi Magaña Moreno

Lo bautizaron Bobby Seis Muertos cuando mató a su sexto contrincante. Ganó otra pelea y después lo retiraron. Murió de una enfermedad junto con otros 150 gallos criados por el Buki, un gallero con fama. César, su hijo y soltador de los animales en las peleas, lloró la muerte de Bobby Seis Muertos, el mejor gallo que jamás haya tenido.
El Buki no era gallero por herencia. Hace como 20 años lo invitaron a una granjita, a una pelea clandestina. Compró en 300 pesos un gallo que nadie quería. "Al cabo que a mí ni me gustan", pensó. Perdió. Compró otros tres y volvió a perder. La suerte le había tocado el orgullo. Se juró a sí mismo que ganaría sus siguientes peleas. Entonces compró animales finos y ganó. Hoy es un gallero reconocido, con 80 gallos en crianza.
La cita es a las siete de la tarde en el templo de Talpita. Antes de la hora, ya esperaba en el lugar Carlos, lo acompañaban otros dos hombres también malencarados. ¿Quién te dio mi teléfono? Es lo primero que dice, con rostro retador, al bajarse de su viejo Chevrolet Malibú, modelo 81. "Humberto, el fotógrafo. Te mandó saludos", le respondo esperando calmar los ánimos. Nos indica que los sigamos. Conduce hasta las orillas de la ciudad. Toma Periférico y se desvía justo donde comienza el municipio de Tonalá. Al borde del camino, pero unos cuantos metros en desnivel, está Granja El Recuerdo, uno de los muchos palenques de Jalisco que, con 430 permisos para organizar peleas otorgados este año, es el estado más gallero del país.
"Los gallos son como la cocaína: sueltan un polvito que te hace adicto", dice Carlos ya dentro del palenque. Junto a la barra, las riferas o camoninas terminan de cenar, para empezar la sesión de embellecimiento que se puede alargar hasta una hora.
Ingresar no es fácil. El dueño del lugar, don José Villegas, un tipo con cara amargada y voz de fumador, dice que los periodistas no pueden entrar, que desde la explosión de granadas en El Carril —el 1 de agosto pasado— el ambiente está muy turbio. La clientela ha bajado 30 por ciento. Negociamos: fotógrafo y grabadora quedan afuera.
Don José Villegas nació en el pueblo de Villanueva, Zacatecas. Empezó a los ocho años en el ambiente de los gallos. Un hermano de su papá era el gallero. De esos tiempos sólo recuerda las peleas clandestinas.
Cumplió su sueño el 14 de febrero de 2002. Fue el día en que inauguró su palenque Granja El Recuerdo. Fuente de trabajo para su familia y 18 personas más: corredores, jueces, intendentes, riferas y meseras. Hasta entonces lo pudo realizar porque juntó los 300 mil pesos que costó la estructura. Al lugar sólo entran sus amigos. Si llega un narco, aunque sea poderoso, le dice de buena manera que ése no es lugar para él.

En su memoria guarda a los gallos que lo han impresionado. Tuvo uno que no sólo salió vivo de cuatro peleas durante el mismo día, sino que salió limpio, sin herida alguna. Ése era un gallo raro. Era un gallo mansito. Seguía a don José para que lo acariciara. Al igual que Bobby Seis Muertos, no murió peleando: se ahogó en un tambo con agua.
Empezó con doce sementales y ocho gallinas. Hoy tiene 400 animales. Pelea alrededor de 150 por año. Don José no podrá heredar su mayor pasión: a ninguno de sus hijos le gustan los combates. Asegura que entre él y los gallos no hay parecido alguno. "Ellos son bien irracionales, yo tengo razón. Tienen casta, yo no la tengo. Son animales, yo soy una persona. Pelean por pelear, yo no peleo".
Granja El Recuerdo es un pequeño palenque para máximo 400 personas. En torno al anillo de peleas hay dos filas de sillas y ocho tablones de madera. Tomamos asiento y Carlos empieza a señalar a los galleros que reconoce: "Ése es el Buki. Allá está el Chabelo. El de camisa azul es Gabriel Jiménez, el Siete Leguas; él exporta gallos para Estados Unidos. Este de aquí es Amapolo. ¡Amapolo! ¡Ven para acá!".
Es un hombre de cuerpo regordete, barba desaliñada y pañuelo amarrado al cuello. "Me llaman Amapolo porque soy de un rancho que le dicen La Amapola, municipio de San Luis Potosí. Ahí fui nacido".
Su gusto por los gallos empezó cuando tenía 20 años. En su rancho había unos gallos corrientes que salían con sus gallinas para cantarse uno al otro. Se topaban, y le gustaba verlos cómo volaban de un corral a otro, "cómo se daban en la madre".
Como a todos, a Amapolo le gusta que sus gallos ganen. Escoge la mejor calidad para no tener vergüenza al pelearlos, aunque se los maten. Su secreto es darles un buen cuidado él mismo, "como si fueran una muchachita de quince años". No le gusta ser sólo un apostador que compra animales. Presume que lleva quince peleas sin perder. Esta noche es un espectador más. Es temporada de lluvias, sus animales están en pluma, son pollos.
Dentro del mundo de las peleas Amapolo tiene una aversión: le desagradan los combates de perros porque los considera "lo más peor"; le parecen muy sangrientos.

EL DUELO

La primera pelea está por comenzar. Pesan los gallos. Cotejan pesos: tienen sólo 60 gramos de tolerancia. Les ponen anillo en una pata para que no los cambien. Escogen el tamaño de las navajas. Las bocinas anuncian que ningún niño debe estar en la primera ni segunda fila. "Así está bien", dice Amapolo como si el comentario le hubiera aliviado una preocupación. "¡Voy a 80! ¡Voy a 70!", retan los corredores.
Los gallos cantan. Saben que la hora está cerca. El Buki toma a La Mona, un gallo que se encarga de calentar al peleador, que está en las manos de César. Carlos empieza a dar cátedra. Dice que como soltador es mucho mejor César, "el otro es más pendejón".
César se probó tres pantalones para esta noche en la que, como siempre, es el soltador de su padre. Optó por el negro ajustado, para contrastarlo con la camisa amarilla perfectamente planchada, fajo piteado y botas color miel.
Cuando no es soltador, trabaja como policía; oficial patrullero de la zona de la glorieta Minerva. Se autodefine como un hombre tranquilo: "Hay muchos que por traer uniforme se sienten supermanes".
César tiene 27 años pero empezó en el ambiente a los doce: "Pa' mí es mi pasión, mi vida". Su gallo era Bobby Seis Muertos. Recordó que en la séptima pelea le dijeron que lo habían matado. El niño lloró. "No te creas, nomás le sacaron un ojo".
Al oír la broma, César suspiró un descanso. Se convirtió en el soltador de su padre porque en el puesto tiene que estar alguien de confianza. Cuando empezaba, "tenía la presión de que, si la cajeteaba, mi papá me ponía unos cagadones. Cuando me enfrenté a soltadores de prestigio supe que había dado un paso". Su hermano Cristian, de seis años, nació entre los gallos.

PRIMERA PELEA

César saca su gallo giro de la caja para que se desentuma y se acostumbre a la luz. Como en cada pelea, el animal ha llegado en ayunas. Le da unos pedacitos de manzana y un chorrito de Gatorade. "Hay quienes les dan drogas, pero eso es un albur porque no sabes cómo les van a caer". Él dice que no los droga: nomás les da unas pastillas para despertarles los sentidos.
El soltador contrincante es un charro mayor. Un hombre de camisa rojo chillón, con una hilera de gallos pintada al centro. Le gusta doblar el ala frontal de su sombrero para darse un aire de misterio; con poco que se agache ya no se le ve el rostro.
En el centro del anillo se persigna César para no salir cortado. Le toca el lado rojo. El charro está en el verde. Colocan los animales en las líneas. César le soba la cabeza. Los sueltan. El público se levanta para verlos. Se escucha el golpeteo de alas y patas entre el murmullo de los espectadores. "¡Ya mató!". "¡Ya mató!". Silencio.
Los gallos se miran a un metro de distancia. Las plumas caen ligeras como un sueño en el que se sueña una muerte lejana. Dejan de pelear minuto y medio. Los soltadores asisten a sus animales. Tienen quince segundos. El de la camisa rojo chillón ve que su gallo está tragando sangre. Sin dudar, le toma la cabeza como si fuera la de su mujer y la mete en su boca. Succiona mientras estira el cuerpo. Escupe el chorro de sangre al suelo que recibe su primera mácula.
César parece que tiene entre sus brazos a un niño. Le da palmaditas en el pecho. Vuelven a colocar a los gallos en las líneas. Se lanzan a matar. "¡Ahí, baboso!". "¡Clávasela!". "¡Ya se lo doblaron!". "¡Entró muy bien!". Silencio.
El gallo del charro queda patas arriba. "¡Ya ganó!". De repente, se levanta y siguen peleando. "¡Ahí está!". "¡Ya se lo chingó!". "¡Clarito se vio el navajazo!". "¡Bien muerto lo dejó!". Termina la pelea. Ganó el color rojo, el gallo de César. Aunque tiene una cortada en una pata y dos en la espalda, vivirá pero jamás volverá a pelear: lo usarán como semental para mejorar la raza. "¡Eres mi ídolo, César. Ese Buki trae gallones finos!", es la voz de Carlos. Apostó al ganador.

MANCUERNA GANADORA

El Buki y César son una buena mancuerna. El padre apuesta mientras el hijo es el soltador. Si el otro apuesta siempre pierden: sólo tiene la suerte de su lado cuando está dentro del anillo. Ofrece un cigarro y se sienta platicar. Por respeto, nunca fuma delante de su padre. "Los que están afuera nomás tienen la presión de que gane el gallo. Los soltadores, los que estamos dentro del anillo, tenemos la presión de ganar y del tiempo. Cuando agarras al gallo sólo se tienen quince segundos para auxiliarlo lo humanamente posible". Lo que él hizo con las heridas fue apretar y soltar con la mano; es como aplicar un torniquete.
Una satisfacción que los gallos le han dado a César es que mucha gente lo conoce. Con sus triunfos, se ha ganado el respeto de muchos soltadores. Para el oficio no se nace con estrella: el entrenamiento es el único medio. "Nunca termina uno de aprender". Lo que más le sorprende del gallo es que se tira a matar o morir. Lucha.
Este ámbito tiene de todo, mezquindad y bondad. César ha visto que hay hombres que van por el dinero y ya. Hay otros que, cuando ganan, ayudan a la gente. "Aquí el dinero no tiene mismo valor que afuera. Hay gente que apuesta muchísimo. dinero se devalúa".
Vuelve el alboroto de corredores y riferas. "¡Voy cinco y ocho!". El barrendero recoge las plumas. La sangre en la tierra el recuerdo de la muerte. El charro sostiene a su gallo, le desamarra la navaja y lo deja caer en una cubeta de 20 litros. Pasaron sus cinco minutos de fama. Cristian, el pequeño gallero de seis años, es un espectador solitario en la última grada. Lo que más le gusta es chillar gallos pequeños. Se golpea el pecho para indicar cómo lo hace. Se ríe infantilmente, con sus dientes chimuelos, para decir que no le dan tristeza las peleas: Si se matan, los tiramos a la basura".

SEGUNDA PELEA

El Buki mete las patas de su egundo gallo al agua fría. Dice que así cortan mejor. La razón no la sabe. A César le vuelve a tocar el color rojo. "Voy cien al verde", reta un hombre de 50 años a Amapolo: "Voy a ganar", dice. Se equivoca.
César tiene que volver al anillo. "Esto es cuestión de suerte. La suerte es eso, sin significado", dice mientras baja las gradas.
Los gallos están en las líneas. Los dejan libres para morir. Se hacen una bola de plumas en el aire. Se dan encontronazos con las patas tirando hacia la cabeza. "¡Ya se lo madreó!". "¡Está arrastrando una pata!". Silencio.
A metro y medio de distancia, los gallos ni siquiera se miran. Dan pasos cortos, de moribundos. Todas las miradas encima. César da vueltas alrededor de su gallo. El contrincante le hace sonidos extraños al suyo. Se cumple minuto y medio. Los soltadores se apresuran para dar sus quince segundos de asistencia. Los gritos lo sugieren todo: "¡Tápale la herida, rojo!". "¡Jálale el pico, César!". César lo sostiene en su pecho. Le habla. Le abre el pico. Le acaricia la cabeza.
"¡Gallos a línea!", ordena el juez. César jala hacia atrás el pico de su gallo. Quedan libres pero inmóviles. Están muriendo. El rostro de Amapolo: serio, crispado, mirada fija. ¡Chingada madre!, parece que piensa. Se lleva la mano a la cartera. Pasa minuto y medio.
César repite la asistencia. Le jala el pico hacia atrás. Parece que le va a quebrar el cuello. El gallo respira difícilmente. Si pasan 20 minutos sin pelea, el resultado se considera tablas, un empate. Es lo que busca César. Uno, dos tres, diez, 30. Su gallo da el último ataque. Da vueltas en el aire. Los rostros ponen ojos de asombro. Cae muerto. Ni siquiera tocó a su contrincante.
"Nos llevó la chingada. Perdimos, y feo. Es lo que te digo de la suerte". Explica César que desde el inicio le rajaron una pata. Hay tres formas de perder: cuando el pico del gallo toca fondo, el suelo; porque corre, no quiere pelear; o por muerte. Los gallos empiezan su entrenamiento a los 18 meses. En tres están listos para su primera pelea. Mueren en menos de cinco minutos.
Se le pregunta a César qué sabe de las granadas en el palenque El Carril, en Tonalá. "En este ambiente hay desde gente pobre hasta gente que anda en qué sabe Dios. Pero eso de aventar granadas nunca se había visto. A lo más que llegan es a golpes o tiroteos; pero afuera, ya entre ellos".
Don José ni siquiera vio las peleas. Estaba sentado con una policía muy pasada de peso junto a la puerta de entrada. Para él, los gallos no son un negocio: son un deporte. Vende la mitad de sus animales para alimentar los que están destinados para pelear. A un gallo le saca hasta tres veces por arriba del costo. Un gallo fino, listo para el combate, cuesta hasta cinco mil pesos.
Dice que sus gallos han jugado en los primeros niveles, donde sólo hay animales finos. "Yo he visto quienes apuestan un millón de dólares en los grandes palenques de las ferias. Aquí en Guadalajara apuestan poco, de a diez mil pesos. Yo no apuesto más de cinco mil pesos por un gallo". Entonces recuerda al pueblo de Yahualica, donde vio cómo Federico, apodado la Gringa, lo perdió todo en una noche. "Apostó hasta lo que llevaba en efectivo. Él consideró la derrota como algo normal. Para mí, ese vale es un buen perdedor".
-¿Cómo percibe la muerte, don José?-La de los gallos, como algo natural. Si no se matan en el anillo, se matan solos en un descuido; es su naturaleza. Pero la muerte del humano es algo más profundo. Dolorosa. Palabra mayor.
Aquélla fue una buena noche para padre e hijo. César se llevó como seis mil pesos. El Buki, más de diez. Ganaron tres peleas. Una sola derrota.
Así es la añeja tradición de los gallos. De 1690 es el documento más antiguo en Jalisco sobre una pelea. El obispo aconsejaba a los fieles que se alejaran de "los lugares de vicio". Carlos tiene su propia creencia: "Pancho Villa fue gallero, Jorge Guáchinton fue gallero, Miguel Hidalgo fue gallero, Hitler fue gallero"...

viernes, noviembre 3

Alfonso Reyes, domador de tropos



En un paseo por el jardín de las letras, las de Alfonso Reyes se trepan frescas y resplandecientes por el muro inmenso de la literatura. Descrito como un humanista y un intelectual de primera orden, Reyes es un humilde jardinero, domador de tropos, que se la pasa agachado sobre la tierra plantando metáforas con manos diestras en el oficio.
Es imposible recorrer el camino de la literatura mexicana sin toparse con esa piedra de gigantesco tamaño que representa Reyes. Es un intelectual que alcanzó la maestría mientras paseaba por los vergeles del mundo, montado en sus tropos, escribiendo poesía, cuento y ensayo.
Leer a Reyes puede ser una obligación para el estudiante de literatura; es, empero, una delicia para quien ama las letras.
En la edición de James Willis Robb, llamada Prosa y Poesía, Alfonso Reyes publica tres narraciones: El testimonio de Juan Peña, Silueta del Indio Jesús y la Mano del comandante Aranda.
Con un estilo exquisito, Reyes escribe en 1923 El testimonio de Juan Peña introduciendo un epígrafe que reza: “Quise recoger en este relato el sabor de una experiencia que interesa a los de mi tiempo, antes de que mis recuerdos se confundan, y mientras llego a la hora –al remanso- de las memorias fieles.
“Lo dedico a los dos o tres compañeros de mi vida que estudiaban conmigo la Ética de Spinoza, en la azotea de cierta casa de México, allá por los años de mil novescientos y tantos”.
Luego los ojos se tropiezan con una prosa que brilla con la luz del entendimiento: “El último correo de México me trajo una carta de Julio Torri que comienza así:
“¿Te acuerdas de Juan Peña, un vagabundo que lloriqueaba y nos besaba las manos por las calles de Topilejo, en época distante de que vivo siempre saudoso?
“Estas palabras abrieron en mí una senda de recuerdos. Suspensas en la malla del alma, sentí palpitar otra vez ciertas emociones ya sin objeto.
“Ya está poblada de visiones la estancia. ¿Qué hacer? ¿Cedo a los halagos de este abandono o me decido a matar definitivamente a mis muertos?
-Hay que tener valor, me digo. Y me dispongo, nuevo Odiseo en los infiernos, a que los espectros se animen con mi sangre. Me arrellano en la butaca, entrecierro los ojos, enciendo la pipa y dejo caer la voluntad.
“Pero hay un último vuelco en la relojería secreta de mi corazón, y me echo a la calle como quien huye de unos invisibles perseguidores.
“El pájaro de Madrid empolla la hora exquisita. En el aburrimiento de la luz bailan las ideas y las moscas. Los recuerdos vienen escoltándome, apresuran conmigo el paso y conmigo cambian de acera. Al subir la calle de Alcalá, ya no era yo dueño de mis ojos.
-Es inútil- exclamo enfrentándome con mis fantasmas-. Os pertenezco”.
Nacido en 1889, a Reyes le toca vivir las vísperas de la Revolución, participando en una revolución cultural “pacífica”, como parte de los intelectuales del Ateneo de la Juventud.
“Sus trabajos críticos para el Ateneo se dedican al análisis de los poetas mexicanos: “Los poemas rústicos de Manuel José Othón” y “El paisaje en la poesía mexicana del siglo XIX”.
De este magnífico escritor emana la obra La x en la frente, un compendio que lo incorpora dentro del movimiento “México y lo mexicano”, y que resulta ser una de sus joyas literarias.
Los ensayos de Cuestiones Estéticas, exhiben las cualidades que distinguen toda la obra alfonsina: erudición y poesía, íntima fusión de la crítica y la creación literarias, el pensamiento realzado por la visión artística.
La presencia de España se traduce luminosamente en sus ensayos costumbristas e impresionistas, los Cartones de Madrid, Horas de Burgos y en otras piezas que componen las Vísperas de España. Finalmente, todo un desfile de primorosos libros brotarán de su experiencia madrileña: Retratos reales e imaginarios de figuras como Lutero y el Cardenal Cisneros, Chateaubriand, Fray Servando Teresa de Mier (su compatriota regiomontano), Gracián, Felipe IV y Napoleón I; Simpatías y diferencias, que recoge reseñas, comentarios periodísticos, meditaciones ocasionales sobre la mayor variedad de temas literarios y culturales; Calendario, ensayos mínimos que al vuelo sintetizan una observación, una anécdota, un análisis o fragmento de teoría literaria.
Alrededor de 1955, por iniciativa del cubano Félix Lizaso, se le rindieron a Reyes numerosos homenajes por sus “bodas de oro con la pluma” o cincuentenario de escritor, En 1957 fue elegido presidente de la Academia Mexicana de la Lengua. Más de una vez se le propuso como el premio Nobel de la Literatura, aunque nunca le tocó definitivamente ese reconocimiento.
El cuerpo de Reyes fue enterrado en el Panteón Civil de Dolores, en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en la Ciudad de México, a su muerte, el 27 de diciembre de 1959.
-0-.


miércoles, noviembre 1

El primer vapor dejó un último aliento


*Eran las primeras horas del día cuando ocurrió todo

Los Mochis, Sin.- Al recibir un manotazo de brisa Alejandro Apodaca olvidó por un instante sus congojas. Sus manos enguantadas sujetaban los controles con un ademán de caricia mientras el tren dejaba atrás las marismas de Topolobampo.
En una fracción de segundos pensó con optimismo en el fajo de la próxima quincena salarial. La mañana del 5 de diciembre la máquina 140 que operaba explotó en mil pedazos y los fragmentos cubrieron más de 20 metros de vía.
Algunos trozos de piernas y brazos mezclados con metal quemado fueron encontrados más allá, rumbo a los esteros resecos de la bahía. En la 140 también viajaban los garroteros Aniceto Luque y Jesús Gastélum; y el conductor Mariano Romero.
Alejandro Apodaca llevaba un paño rojo atado al cuello y una leontina de donde pendía un reloj que lucía con cierto orgullo. Esa mañana se despidió, desde la máquina, con un leve movimiento de manos. Se había asegurado que los contenedores de agua, ya vacíos, estuvieran sujetos a las paredes de los vagones, y hubo un momento en que lo vieron levantándose la gorra reglamentaria para rescarse la cabeza.
A todo mundo le dolió su muerte, pero fue más el pesar por la desaparición del nuevo tren que los trabajadores habían inagurado hacía apenas unas semanas con chiflidos entusiastas. La máquina 140 era la primera locomotora con que los colonos contaban para efectuar sus planes de trabajo.
Los moradores del recién fundado pueblo habían estado ambicionando, en 1949, establecer un medio de transporte que trajera las provisiones que entraban por el puerto de Topolobampo.
El arribo de la 140 causó una especie de desconcierto. Era una chatarra inservible a la que solamente se le podía mirar con desconsuelo. Sin embargo, Gabriel Ranao, Jesús Cruz, Rudy Ochoa y Lalo Carlón decidieron echarla a andar.
Después de meterla a un taller que llamaron “La Casa Redonda”, la 140 era objeto de orgullo para los ferrocarrileros que habían participado en su reconstrucción. También causó alegría en los comerciantes, desesperados por tener una sistema de transporte entre el puerto y el pueblo.
Eran días de apremio, en que los hombres trabajaban con una laboriosidad de hormiga ensamblando un ingenio para la molienda de la caña de azúcar, un proyecto ambicioso, bastión de desarrollo, ejecutado sin vacilación por el estadounidense, Benjamin Francis Johnston.
El jubilado ferrocarrilero, Juan Hubbard López, de 71 años, tiene los ojos iluminados por el recuerdo. Al evocar su trabajo como mozo en La Casa Redonda dice: “... fue algo que no sólo a mí me conmocionó, sino a todo el pueblo”–0-.

domingo, octubre 29

BRACEROS VETERANOS EXIGEN JUBILACION


Los Mochis, Sin.- El coordinador de la Alianza Bracero Proa, Ramón Rubio Medina demandó al gobierno del presidente Vicente Fox la restitución de las jubilaciones de más de 9 mil ex trabajadores que laboraron en Estados Unidos bajo convenios bilaterales.
Un grupo de más de 40 veteranos enardecidos se reunió, este domingo, en el Parque Sinaloa de esta ciudad para definir los detalles de su lucha legal contra el gobierno foxista.
El departamento de Trabajo de Estados Unidos permitió que trabajadores mexicanos ingresaran a ese país a trabajar en la agricultura, de tal manera que entre 1942 y 1964 fueron miles quienes cruzaron la frontera a cumplir con temporadas de trabajo legalmente convenidas.
El gobierno estadounidense, por ejemplo, expidió a Amador Vela un convenio llamado Employer Assigmnet Manifest of Mexican Workers para que él laborara en los campos agrícolas de Eagle Pass, Texas. De su salario, sus patrones le descontaron el 10 por ciento que transfirieron al gobierno mexicano para que éste se lo devolviera como jubilación.
Durante 22 años el gobierno mexicano estuvo recibiendo los ahorros de estos braceros comprometiéndose a reembolsarlo. Ahora que los trabajadores están de regreso, cansados y viejos, reclaman sus ahorros.
Rubio Medina dijo que los braceros demandantes negociaron con el gobierno el pago de 350 mil pesos para cada uno en el 2002, “pero se les hizo mucho” –añadió- y quedó en 100 mil pesos. Esa cantidad se redujo cuando el gobierno creó un fondo social de 38 mil pesos por trabajador.
Hay personas que trabajaron más de 12 años y la cantidad que el gobierno pretende darles es mucho menor que lo que les corresponde, expresó el líder.
Los ex braceros, ahora hombres que sobrepasan los cincuenta años, formaron la Alianza Bracero Proa, vigente en todo el país, y están formalizando pleitos legales contra el gobierno. “Es una lucha de gestión y nos nos vamos a salir de ella”, expresó Rubio Medina ante los demandantes –0-.