martes, octubre 21

Desde Mediosmedios




Hasta el momento el curso de Periodismo Digital en Mediomedios ha estado muy aburrido. Es más, sospecho que soy la única que se ha inscrito, pues no he tenido comunicación con ninguno de quienes supuestamente participan.
Sin embargo, sigo firme en la esperanza de aprender nuevas cosas y más y más me acerco a la idea de crear mi propio periódico.
Imagínense que después de haber pedido trabajo en mil redacciones -sin éxito- finalmente tenga mi propio medio de información? Más perfecto, imposible...
Quizás Word Press para este este fin sea la mejor plataforma?

Un poco de diseño tampoco caería mal... y también la forma de vender publicidad.

Un abrazo

domingo, octubre 19

Octubre y sus domingos

sábado, octubre 18

Periodismo 2.0




El mundo de las computadoras ha roto todos los esquemas que ahora resultan viejos. Aprendimos que los comunicadores buscaban un receptor; ahora está visto que el receptor se vuelve facilmente emisor, y que la comunicación -gracias a dios- ha dejado de ser vertical; que la participación todos quienes saben usarla la ha vuelto horizontal.

En La Guía de Alfabetización Digital encontré vínculos que me han dado una nueva pespectiva de comunicar, de hacer audiencia y crear comunicadores.
Esta lectura resulta una manera barata y cómoda de aprender en casa para todos aquellos interesados en publicar en la red.
Super recomendada!

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Comencé esta semana un curso de Periodismo Digital en línea, cuya base está en Buenos aires Argentina, en un sitio llamado Mediosmedios.
Hasta el momento, después de la segunda lección, podría decir que ha sido paja, pero en cuanto reciba algo interesante con seguridad que estaré comentándoselos.

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Cubrir la Cámara de diputados en la Ciudad de México me pareció una experiencia fabulosa. Fue hasta divertido observar cómo los hombres de la política se volvían comadres de vecindario cuando se peleaban. Me tocó conocer personajes carismáticos; otros solamente convincentes.
De igual manera fue muy emocionante estar en los foros internacionales, conocer a compañeros corresponsales, moverse entre las líneas telefónicas de las salas de redacción.
Pero ninguna de estas experiencias es tan intensa ni tan desafiante como la del periodista a "todo terreno", quien sufre las inclemencias de los viajes tortuosos y los peligros agrestes, sólo para cumplir su misión. A propósito, dónde andará Kevin, se habra ido a Nepal o a Israel?
En México hay quienes rechazan los chiqueos de los consorcios periodísticos y se lanzan al fuego crusado en una guerra de narcos.
Por hoy es todo, un abrazo

lunes, octubre 6

Cabaña tropical


Si quieres tener una cabaña en Puerto Morelos, Quintana Roo, cerca de las playas aturquesadas del Caribe, escríbeme y conoce el proyecto Morelos.

Un abrazo.


sábado, septiembre 27

Qué tal una botanita?

jueves, septiembre 18

Jorge Mansilla

En la avenida Reforma el colonial edificio de Excélsior en 1985 era una de las joyas arquitectónicas todavía en uso, albergando dos salas de redacción donde reporteros, correctores y corresponsales solíamos exprimirnos el seso.
Al final de uno de esos pasillos angostos y laberínticos había también una sala de consulta y la antiquísima maquinaria que servía de rotativa.
Ricardo me presentó a Coco, uno más de mis compañeros de trabajo, alguien quien revisaría la gramática de mis notas, un corrector de estilo deseoso de conocer a la nueva reportera, a esa cuyos reportajes tenían la osadía de publicarse en primera plana.
En esos días Ricardo, Coco y yo éramos compañeros inseparables. Los tres nos veíamos con una admiración discreta y respetuosa. Entre un turno y otro nos las arreglábamos para desayunar juntos, o tomar café en la Calesa, el restaurante al lado, o en la librería de enfrente, un negocio desparecido, como muchas otras cosas de ese tiempo.
Ricardo y Coco, los hombres más dulces de la redacción de Ultimas Noticias, mis cuates de café, mis fans… los recuerdos con el romanticismo de un tiempo plácido e ido.
A Ricardo le perdí la pista al pasar el tiempo. Tras el terremoto de 1985 me fui de la Ciudad de México y me refugié en las bellas costas del Caribe mexicano. En una de esas vacaciones que me dieron los dólares que ganaba quise ver a los viejos amigos de la redacción de Ultimas Noticias. Ricardo ya no estaba.
Pero Coco continuaba tras el escritorio de corrección, igual que siempre: con sus suéteres desvaídos, con su trato dulce y sus maneras sencillas. Era el mismo, el hombre bajito con quien se podía platicar de política y poesía; alguien a quien el café en La habana significaba un acto de rebelión; y escribir poesía, una guerra ganada.
Sin embargo, su rutina era como la de un jornalero: trabajo duro y poca paga. Las letras, su exilio y su vocación política le daban un toque interesante a sus días. Por lo demás, todo en él parecía ser como sus suéteres, pues así es la vida proletaria en una empresa de muchas manos como la de un periódico, en una ciudad tan vasta como la de México.
Todavía en el 2004, cuando Excélsior se había convertido en un dinosaurio moribundo, Coco permanecía tras uno de los viejos escritorios, escribiendo en teclados amarillentos.
La sala de redacción se había recorrido y la entrada ahora quedaba por Bucarelli y no por Reforma, como antes.
Coco seguía allí, intacto, con su mismo suéter y su trato dulce. Se había convertido en jefe de una sección que se alimentaba con textos de reporteros novatos y la información, según noté, era escasa y pobre.
La próxima vez que lo busqué ya no lo encontré, y de nuevo, le perdí la pista a otro de los amigos de antaño.
Carmen Aristegui ayer, en su programa televisivo de CNN, entrevistó a un hombre metido en un saco azul con un prendedor redondo en la solapa, quien luego supe era el embajador de Bolivia. Ayer cerré los ojos y me quedé metida en las sábanas de un sueño dulce repitiendo su nombre: Jorge Mansilla, más bien: Coco, Coco Manto.

viernes, septiembre 12

El Universal

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Siempre he querido formar parte de la planilla de los avezados reporteros de La Jornada, pero no dejo de reconocer que El Universal es, hasta hoy, el mejor periódico en México.

Un saludo desde la cocina de mi casa, frente a una taza de café.