jueves, julio 12

VENDEDORAS DE FLORES




Quebec, Canadá.








México, D.F.

lunes, julio 9

DE REGRESO




Sainte-Adele, Quebec, Canada.









Uno de los ríos del pueblo.






El lago del pueblo, enorme y bello, para recreación de los amantes de la naturaleza.



Se siente la diferencia al aterrizar, y decir diferencia es una referencia sutil, más bien es un shock que se tiene que sacudir después de haber estados tres semanas en la laxitud de un pueblo como Sainte-Adele, rodeado de lagos, cutodiado por ríos interminbales y montañas de pinos y maples.




La provincia de Quebec tiene unos bosques de docil bellezas, gráciles caminos por donde andar en bicicleta, ciudades bien organizadas y con un ambiente fantástico de bienestar celeste.




Para un mexicano (a), acostumbrado al reto y a la pobreza, visitar estos lugares representa el experimentar una realidad ajena y maravillosa.

miércoles, junio 13

Ya casi me voy

Y bueno, pues el día ya está llegando: el viernes estaré saliendo para Montreal en un vuelo mañanero de la Air Canada. Estaré por allá el tiempo que me requieran las letras y la vida.
Habrá ocasiones que ameriten una reseña o comentario, o una foto. Estaré al pendiente para captarlas.
Canadá no es uno país tan colorido como cualquiera de Latinoamérica, pero en el verano sus lagos y sus jardines son hermosos. Los quebequenses, además, son hospitalarios y con un singular sentido del humor.
Lo que más me duele dejar en mi ciudad es mi familia, pero sé que está aquí y que podré regresar cuando lo necesite.
Un abrazo y estamos en comunicación.

lunes, junio 4

En torno a Cortázar, El Perseguidor y los escritores.

A veces creo que Julio Cortázar era un poseso, alguien raptado y seducido -de tiempo completo- por sus personajes. No se puede pensar de otra manera después de haber navegado por El Perseguidor, y haber escuchado los comentarios que el propio autor hace de este personaje.
Creo firmemente que un personaje puede poseer el alma de un escritor. Hay momento, también, en que el autor escucha voces y diálogos y siente -además- una atmósfera.
Las historias pueden ser mera ficción, pero el estado de posesión de quien escribe es real. De hecho, éste es el estado que se precisa para escribir una buena historia, creo.
Un abrazo.

domingo, junio 3

MARISMAS DE UN SUEÑO

Por A. Rojas
Cuento.
Cuando los dos despertaron, el viento del Este movía las láminas y el techo estaba a punto de desprenderse. El esposo se irguió en la cama. Con los ojos bien abiertos, sobresaltado, y con el corazón en tropel le dijo a su esposa, Tuve un sueño horripilante, Qué soñaste, le dice ella, Que mi lancha zozobraba y que mis pescadores se hundían en ella, Es una señal, dice la esposa: indica que debes quedarte en tierra, No insistas, mujer y ella reclama: te necesitamos en la casa, mira el niño que te llama, y yo que estoy cansada de acarrear agua y de reparar las lámina del techo.
El esposo se apresuró y metió los pies en sus zapatos de goma. En un tono militar dijo, Tengo que salir. Se puso la camisa y abrió la puerta. Afuera el día era lúcido, contrastaba con los pensamientos atribulados del pescador, la angustia le punzaba como la picadura de un insecto, y por más que intentaba estar en calma caía de nuevo en el sufrimiento, Tengo que ver qué les pasó, abundó, imaginándose a sus tres pescadores pidiendo auxilio en el mar. Debo ayudarles, repitió, así que no me cierres el camino, mujer y regresa a cuidar al hijo.
Afuera estaba la lancha con un motor pequeño de borda y un par de remos, él caminó angustiado hacia el muelle. Ella lo siguió tratando de que volviera, sin entender cómo: en un día de sol y la mar en calma el esposo estaba tan atribulado, qué no había sido mucho: pasar por todas las precariedades de un mar que no suelta, pedir fiado en las tiendas, le reclamó.
Estoy seguro que se han quedado sin gasolina, dijo él, pensando en sus pescadores. Puede ser que no haya sucedido nada -recapacitó- pero los sueños siempre avisan, nada pasa por nada, acuérdate cuando soñamos que nos íbamos a casar y que tendríamos un hijo varón, Sí, aceptó ella, Y nos casamos, y después el sueño se completó con el nacimiento del niño, afirmó él convencido, acuérdate nada más, así que si soñé que ellos se morían, tendrá que ser cierto, tengo que salir, retomó, será una tortura tener que vivir con el peso de estas muertes por el resto de mi vida, y todo por no hacerle caso a los sueños, mujer, así que deja, no insistas más.
El esposo se fue, navegó ese día por un mar en calma. Arriba las gaviotas se insertaban en un cielo raso y azul, arropado por la brisa del Este. Tan pronto como avistó a la lancha ondeando su proa en las tranquilas aguas, tuvo un sentimiento feliz, de agradecimiento. La corriente lo acercó a la embarcación. La tripulación lo saludó. El pensamiento de un miedo infundado le hizo reír y llamarse tonto. Los demás lo observaron sorprendidos, pues no era costumbre del jefe estar tan contento mientras trabajaban, Se le aflojó un tornillo, masculló uno de los pescadores.
Así sucedió esa mañana, él estuvo pescando con sus empleados, distribuyendo el pescado en las pangas y amarrando redes.
Cuando regresó al puerto y caminó a su casa, encontró a los dos en la cama, su mujer y su hijo, abrazados, muertos los dos, degollada ella, aplastado el niño, por el filo y el peso de las láminas de un techo que, por viejo y desatendido, se había derrumbado -0-.

martes, mayo 29

PLATICANDO CON JUANA GALLO


El enganche que tengo con Juana, en definitiva, es la literatura. Pero también hay otra circunstancia que nos une: somos unas desempleadas crónicas, desajustadas salariales. Vivimos a expensas de los ideales y de los sueños. Y claro, en la última conversación el tema de cajón fue el empleo, los planes y lo demás.
Quedé con ella que publicaría en el blog y continuaría comentando La Bendita Manía de Contar, uno de los últimos libros de Gabriel García Márquez (nada que ver con un empleo).
El libro no es una novela, ni un compendio de cuentos. Algo muy innovador del laureado, buena idea de su parte, muchas gracias, fue el publicar los diálogos de uno de sus talleres literarios que coordina en su querida Colombia.

La Bendita Manía de Contar no enseña a escribir. Revela básicamente el proceso de la creación, la manufactura de la historia, de lo que se quiere contar, por parte de los participantes y del mismo Márquez.

La mayoría de los talleristas son guionistas experimentados, y en el taller -con la ingenuidad que caracteriza a los estudiantes- exponen las historias que se les ocurre, las que les gustaría contar. Durante la exposición hay una excavación de tipo narrativo muy interesante; cómo se hilvana la historia, y a partir de allí, los demás estudiantes critican las debilidades de la urdimbre.

Quienquiera que ha pasado por el proceso de parir una historia se sentirá inmediatamente identificado con los temas y la dinámica del taller.
Dentro de esta tónica, el autor dice haber publicado a priori: Cómo se Cuenta un Cuento, que espero tener la suerte de leer uno de estos días.

Juana Gallo reviró haciendo referencia a Mientras Escribo, de Stephen King, (el rey del horror) un relato muy personal en torno a sus experiencias como escritor y sus técnicas para escribir relatos.

Así, que, Juana, aquí está, y después de colgarnos por los lazos de las letras, pisar las raíces de la misma tierra, andaremos por allí cada vez mirándonos desde las ventanas humanas de dos errantes almas que se dan cosquillas cada vez que se encuentran.

Un abrazo.

domingo, mayo 27

el Nuevo Periodismo