viernes, octubre 13

EL COBRO DE LA FACTURA




Ana Politkovskaya








Veronica Guerin, www.cinebso.com







Aristegui escribe sobre Anna Politkovskaya

Son muchas y variadas las formas en que se puede acallar una voz que lastima. Pero la más brutal es el asesinato. La muerte de la periodista rusa, Anna Politkovskaya es una afirmación del peso de la violencia sobre la razón.
En un mundo en que las armas resaltan más que cualquier política o religión, ningún periodista puede caminar seguro rumbo a su casa sin ser masacrado a plena luz del día. El 7 de octubre la periodista rusa fue acribillada en el elevador del edificio donde vivía.
La muerte de Politkovskaya me recuerda aquella que sufrío Verónica Guerin, periodista irlandesa, del Sunday Independent, quien hizo una labor intrépida acusando a las mafias que introducían drogas en los barrios de Dublín.
El escándalo de su muerte provocó el derrocamiento del régimen de terror impuesto por los capos irlandeses. Sin embargo, el precio que ella pagó por éxito de la causa fue muy alto. La muerte de un profesional de periodismo representa una factura que se paga con una tristeza indecible.
Carmen Aristegui, en su artículo Politkovskaya, publicado hoy, propone reproducir las voces para reclamar el concepto de la factura.
La periodista rusa, quien participó en Nóvaya Gazeta, fue una crítica temeraria en contra del régimen de Vladimir Putin, a quien ahora se encuentra en la lista de los sospechosos.
“Politkovskaya investigó la masacre rusa en Chechenia y las políticas rusas sobre el Cáucaso y se convirtió en una voz absolutamente crítica del régimen de Vladimir Putin. El asesinato a tiros en Moscú provocó consternación e hizo volver la mirada, de inmediato, hacia el Presidente...”, escribió Aristegui.
El Presidente ruso ha sido desairado, criticado, abucheado e, incluso, “hubo alguien quien le gritara asesino al entrar” a un lugar.
Putin “ha tenido que responder a una prensa internacional inquisitiva y a una serie de preguntas que lo colocan con una pistola humeante en la mano...”
Anna Politkovskaya escribió los libros Una guerra sucia, El terror de Chechenia y, por supuesto, La Rusia de Putin.
Politkovskaya “investigó también sobre la matanza en la escuela de Beslán cuando, bajo la consigna de que con los terroristas no se negocia, se recuperaron las instalaciones del lugar dejando tras el operativo varias decenas de adultos y niños convertidos primero en rehenes y después en cadáveres...”
La periodista asesinada “fue reconocida con el premio Vázquez Montalbán de periodismo internacional en 2004. En distintas ocasiones declaró haber sido amenazada de muerte por el Ejército y los servicios secretos de Rusia. Su pérdida fue considerada, por la unión de periodistas de ese país como “un golpe en el corazón mismo del periodismo ruso”.
No solamente los comunicadores rusos se encuentran acongojados por la muerte de Politkovskaya. En el mundo de las noticias este acontecimiento ha cimbrado las fibras humanas de quienes estamos conscientes de que el profesionalismo implica un riesgo, especialmente en un mundo gobernado por dictaduras, por verdaderos lobos que declaran, con un balido de ovejas, el valor de la democracia; y solucionan sus líos con garras y bocas de fuego-0-.

2 comentarios:

eleonai dijo...

Hola Ave:

Muy buena tu reflexión sobre la periodista rusa. En muchos lugares del mundo quienes se dedican a escribir sobre temas que ponen al descubierto las acciones condenables de algunos poderosos corren ese riesgo, no debiera ser así.

Angeek dijo...

Muy bueno este post. No leí a Aristegui pero estoy al tanto de lo ocurrido. Es muy lamentable e indignante. Qué bien que recuerdas a Guerin (hay una peli sobre ella). Sí, son muy similares.
Decir o contar la verdad siempre ha sido peligroso.
¡Periodistas del mundo uníos!