jueves, febrero 22

ENTREVISTA CON PEGGY BONILLA

La autora de La Valentina responde:


-Es La Valentina un mito o una realidad?

Es una realidad. Encontré otras cuatro Valentinas de las que dicen es la verdadera. Yo creo en el Ejército; fue quien le otorgó pensión vitalicia y ella pertenecía a Los Veteranos de la Revolución. Tengo que ser honesta; la busqué en panteones y diferentes ciudades de ambos países, USA-México y sigo buscándola porque es una historia inacabada.

-Dónde la conociste?

La vi una sola vez. Le tocó en el asiento frente al mío, en ese viaje Mexicali-Ensenada en el transporte foráneo del ABC. La escuchaba platicar de “su general Cárdenas”, no di en esa época mucha importancia al asunto. Sabía que acudía a los desfiles en fechas importantes y me parecía curioso.

-Vivió 116 años?

Oficialmente y los testimonios dicen que sí, aunque difiero… saqué cuentas y ella debió tener al morir 104 años. Lo digo en la novela. El incorrecto registro Civil de la época o porque las personas muy mayores olvidan y cambian fechas, es una realidad, pero fue muy longeva.

-Dónde murió?

Falleció en USA en un Nurcing Home, después de 5 años de enfermedades de la vejez. Aunque la cremaron y después se la trajeron a México a esparcir las cenizas sobre el mar que tanto le gustaba. Dijeron por la radio que iban por la carretera tres vehículos oficiales del Ejército con sus restos.

-Por qué elegiste a este personaje y no a otro, como Juana Gallo o Adelita, por ejemplo?

Fue circunstancial. Tenía yo 24 años y llamó mi atención,-como la de todos los que la llegaban a ver-, por su vestimenta militar y de tan avanzada edad. Además como 6 años después trabajaba en el periódico La Voz de la Frontera y el fotógrafo me regaló una foto que tomó de ella en un homenaje, de los muchos que le hicieron. Pretendía realizar un ensayo sobre La Valentina, pero con tanta historia, surgió la novela.

-En tu investigación cuáles han sido las cosas más difíciles para ti?

No sabía ni cómo se llamaba. Solo Valentina. Me llegaron a querer vender la información, pero nunca estuve dispuesta a eso, pues ni tenía los medios, ni creí que sería lo correcto. Además alguna que otra vez seguí pistas falsas. Pero sobre todo, la mayoría de la gente cree que no existió, que es alguien inventado.

-Y las más interesantes?

Todas han sido interesantes, me fue envolviendo la historia, al grado de olvidarme de las cosas cotidianas. No quería recibir llamadas telefónicas, ni visitas para no ser interrumpida. Le di el trato de alguien de mi familia, de hecho hay quienes me dicen Valentina segunda. Mis hijos se mostraron muy generosos y comprensivos, pero un día llegaron a decirme: “ya déjala ir…”

-Cuáles han sido tus fuentes?

Testimonios de personas que la conocieron y trataron después de la Revolución. Lo curioso es que la mayoría no se conocen entre sí, por lo que pude formarme una idea exacta de la verdad de este personaje. Investigaciones de los hechos en los que participó, cotejando fechas y algunos documentos, así como fotos. Es un personaje inexplorado.

-Te identificas de alguna manera con tu personaje?

Hay una cuestión familiar irresuelta. Perdimos al abuelo José Bonilla en las luchas de Zacatecas y no sabemos dónde quedo su cuerpo, esa es una condicionante para que trate de entender que así son las guerras.

Entiendo la vida de esta mujer, sus acciones dentro del contexto de vivir en épocas turbulentas. A veces como ardid publicitario digo que la amo. O quizá sí. Pues no es raro el hecho de que la calificaran de homosexual. Cuando me preguntan si lo fue, contesto que nunca estuve en, o bajo su cama para saberlo y que además lo que importa es su papel histórico al lado de hombres como Pancho Villa y Ramón F. Iturbe de quien en mi novela vivió y murió enamorada.

-Qué es lo que más te gusta de ella?

Me gusta la época en que le tocó vivir, buscando, involucrándose en los cambios sociales que requería el país, la forma como afrontó la adversidad. El valor ante la muerte. Y la forma como condujo su vejez. La facilidad con que se adaptaba a la gente y a los lugares, después de la Revolución y en edad adulta.

-Y lo que te disgusta?

Me disgusta no haberla tratado o entrevistado. Aunque dicen que era muy difícil. O en el peor de los casos, contradictoria: tierna, o una cabrona. Espiritual o muy terrena. Quería ayudar a su prójimo. No quería morir, sabía que en el mundo hay muchas cosas por hacer. A su vida la rodeó un halo mágico. La muerte fue lo único que la venció.

-Cómo ves a La Valentina desde una perspectiva de género?

Es un referente femenino puesto que en “su época” -sin permiso, ni tiendas donde vendieran pantalones- y ella, como muchas soldaderas comenzó a vestir con los pantalones de los fallecidos en batalla. Al igual que muchas mujeres como Juana de Arco y Sor Juana Inés, renunció a la trenza, en signo de rebeldía a la consigna de que las mujeres son de cabellos largos e ideas cortas. La tacharon de masculina, pero siempre estuvo orgullosa de su feminidad. La Revolución cambió el rol y la actitud de la mujer; desde entonces el hombre se sintió amenazado, por el valor que demostraron a la par de ellos. A pesar de que la Historia las olvidó en el sentido de que ningún monumento o alegoría oficial a ellas existe, y casi nula bibliografía, salvo menciones subordinas a los hombres. Aunque últimamente las escritoras e historiadoras, nos estamos preocupando por ello y subsanándolo, dándoles el lugar que merecen. Investigando la realidad.


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